La volatilidad mundial impacta en todos los mercados con mayor inflación y suba de la tasa de interés. La cosecha gruesa mantiene proyecciones favorables y da un alivio porque asegura el ingreso de divisas.
En medio de un contexto internacional adverso por la guerra en Medio Oriente, factores climatológicos juegan a favor de la Argentina y le aseguran al gobierno un buen ingreso de dólares que será clave para sostener el estresado programa financiero.
Las proyecciones de la cosecha gruesa se mantienen dentro de los pronósticos más optimistas a partir de las últimas lluvias que aseguraron el caudal hídrico necesario para el desarrollo final.
De esta forma, el gobierno de Javier Milei contará con un sustantivo flujo de dólares durante el segundo trimestre del año, que puede permitirle transitar con mayor holgura el período de guerra, a la espera de una pronta solución.
En las últimas horas, el ministro de Economía, Luis Caputo, avisó que va a tener más dólares por esta vía para hacer frente a los pagos de deuda. Estimó, como mínimo, en U$S 3.700 millones.
El último informe de la Bolsa de Cereales sostuvo que el 78,5 % de la soja presenta una condición de cultivo “normal/excelente”, mientras que la condición hídrica “adecuada/óptima” se incrementó en 7 puntos. A partir de este escenario, ratificó una proyección de producción de 48,5 millones de toneladas.
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Este impulso ya se está sintiendo en el mercado, dado que, por temor al devenir de la crisis, los países dependientes de commodities están adelantando compras y estimulando el precio. El valor de la soja a mayo en Rosario trepó a U$S 331 la tonelada y muchos empresarios agrícolas se animan a cerrar contratos con estos precios, dado que una resolución de la guerra los podría desplomar.
El panorama favorable se reproduce en el caso del maíz, donde la cosecha ya alcanzó al 13 % del área apta con un rendimiento de 84 quintales por hectárea. En este contexto, la Bolsa de Cereales mantuvo su proyección de 57 millones de toneladas para la presente campaña, superior a los 49 millones del año pasado. El precio trepó a U$S 187 dólares la tonelada.
En el caso del girasol, el área cosechada asciende al 48,2 % del área apta. El rinde promedio nacional asciende a 23,8 quintales por hectárea, lo que permite sostener la estimación de producción en 6,2 millones de toneladas.
Estos informes terminan de despejar la incertidumbre que se había generado a comienzos de año, cuando la falta de lluvias hizo poner en duda las optimistas previsiones de la campaña 2025/2026.
Si bien aún se está en la etapa inicial, este escenario también se refleja en el mercado de cambios, con una oferta que se mantiene firme y le permite al Banco Central seguir comprando reservas.
A una oferta de dólares prácticamente asegurada por el lado de la producción agrícola, también hay que sumarle el creciente aporte del sector energético. Según el último informe del INDEC, la balanza fue positiva en febrero por U$S 486 millones, a partir de exportaciones por U$S 631 millones e importaciones por U$S 145 millones. Este resultado explicó el 62 % del saldo positivo del mes que ascendió a U$S 798 millones.
En la cuenta macro, el aumento del petróleo potencia ganancias, que se verán parcialmente recortadas por el mayor gasto que requerirá la compra de al menos 20 barcos de GNL para abastecer la demanda del invierno, ya que aún no está construida la infraestructura necesaria para el autoabastecimiento desde Vaca Muerta.
Con este set de opciones, el equipo económico cuenta con más y mejores opciones para afrontar el complejo panorama financiero internacional que, obviamente, no está exento de riesgos.
El nudo del conflicto sigue siendo el paso de buques petroleros por el estrecho de Ormuz. Esto determinará la prolongación y la intensidad de la guerra, lo que define las consecuencias.
Por el momento no hay señales de alivio, sino todo lo contrario. El petróleo Brent volvió a la zona de U$S 110 y nuevamente impactó en los mercados. Un informe del banco de inversión Goldman Sachs no descartó que la cotización se dispare por sobre el máximo de U$S 148 dólares que registró en 2008, lo cual profundizaría la crisis económica mundial.
A esto se sumó que la tasa de referencia del bono de Estados Unidos subió a 4,35 %, alentando la volatilidad dado que muchos se refugian en activos de mayor seguridad.
Otra de las consecuencias financieras es la suba del riesgo país, ya que se produce la salida de capitales de las posiciones de riesgo. Con el indicador soberano en 600 puntos, no hay ninguna posibilidad de que Argentina vuelva al mercado de deuda. Es por eso que el ministro de Economía, Luis Caputo, descartó esta alternativa y dijo que en breve anunciará las formas de financiamiento que utilizará el país para hacer frente a los próximos vencimientos de deuda, promesa que, en caso de no concretarse, puede resultar un boomerang.
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El mercado mantiene sus dudas sobre cómo se conseguirán las divisas y de allí el indicador de riesgo.
De allí que tener garantizado el ingreso de dólares de la cosecha le dé oxígeno y mayor margen de maniobra.
